Una instalación eléctrica industrial se diseña dos veces: una en el papel y otra, sin querer, en la obra. La distancia entre las dos es el sobrecosto del proyecto. Cuando el cálculo está hecho y bien hecho, la ejecución es casi mecánica; cuando se improvisa, cada decisión que se dejó abierta termina resolviéndose con demolición, retrabajo y equipo ya comprado que no era el que hacía falta. Nosotros hacemos las dos partes —el proyecto y la obra— porque el punto donde se pierde el dinero suele ser justo la costura entre ambas.
Diseñamos, ejecutamos y ponemos en marcha instalaciones eléctricas industriales y residenciales en media y baja tensión: desde la acometida y la subestación hasta el último circuito derivado. Llevamos diez años haciéndolo, con obra en todo México desde nuestras bases en Pachuca, Guadalajara y León, y entre nuestros clientes están Conagua y Mercado Libre.
Qué resolvemos
El alcance típico va de la acometida hacia adentro: subestación (transformador, celdas de media tensión, protección primaria y medición), tablero general, distribución en baja tensión, centros de control de motores, canalización y charolas, alumbrado industrial, alimentación a maquinaria y variadores, sistemas de emergencia con transferencia, red de tierras y protección contra sobretensiones. En planta existente el trabajo suele ser otro: ampliar la capacidad instalada, modernizar tableros que ya no tienen respaldo de refacciones, o simplemente levantar qué hay realmente instalado, porque en instalaciones que crecieron por partes casi nadie tiene planos que correspondan a la realidad.
En residencial el problema es el mismo a otra escala —dimensionar, proteger y aterrizar bien— y se resuelve con el mismo criterio, sin sobredimensionar por costumbre.
Cómo trabajamos
Levantamiento. Se mide en sitio: capacidad y estado de la acometida y del transformador, espacio disponible para maniobra, trayectorias posibles para la canalización, condición de tableros y protecciones existentes. De ahí sale el cuadro de cargas: qué equipos, qué potencia, qué factor de demanda y qué simultaneidad real tienen. Si el cliente todavía no define maquinaria, se deja reserva explícita y documentada en lugar de un supuesto silencioso; los supuestos silenciosos son los que después obligan a cambiar el transformador.
Cálculo y proyecto ejecutivo. Aquí se toman las decisiones que fijan el costo y el comportamiento de la instalación durante los siguientes veinte años. Se determina la demanda máxima, se elige el nivel de tensión, se dimensiona el transformador y se calculan los conductores por ampacidad —con sus factores de corrección por temperatura y por agrupamiento— y por caída de tensión. Esta segunda condición es la que manda en corridas largas: la NOM la trata como recomendación (del orden de 3 % en el circuito derivado y 5 % acumulado), pero es la que evita motores que arrancan con esfuerzo y equipo electrónico que se reinicia sin explicación. En paralelo se corre el estudio de corto circuito, que define la capacidad interruptiva de las protecciones, y se coordinan para que ante una falla dispare el interruptor más cercano y no el general, dejando la planta entera a oscuras. El entregable es un proyecto ejecutivo: unifilar, planos de canalización y fuerza, cuadros de carga, memoria técnica de cálculo y especificación de materiales. Sin ese paquete no hay verificación posible y tampoco hay forma honesta de comparar dos cotizaciones: sin proyecto, cada una está cotizando una instalación distinta.
Ejecución. Canalización, cableado, montaje de subestación y tableros, conexionado y red de tierras. La coordinación con obra civil es la que más problemas evita: ductos ahogados, registros, trincheras y la base del transformador tienen que quedar definidos antes del colado, porque abrir un piso terminado para pasar un tubo cuesta un múltiplo de lo que costaba dejarlo puesto. Las ventanas de paro, cuando la planta no puede detenerse, se planean en el proyecto y no se negocian en campo.
Pruebas y puesta en marcha. Resistencia de aislamiento, medición de la red de tierras, relación de transformación y rigidez dieléctrica en el transformador, pruebas de relevadores, secuencia de fases y verificación de par de apriete en conexiones. Después se energiza por etapas y se hace termografía con la instalación bajo carga real: un tablero puede pasar todas las pruebas en vacío y tener una conexión floja que sólo se delata cuando circula corriente. Se cierra con planos as-built —la instalación como quedó, no como se dibujó— y el expediente técnico.
Media y baja tensión
Media tensión es, en la práctica, todo lo que está por encima de 1 000 V; en México la distribución llega típicamente en 13.8, 23 o 34.5 kV, y la planta trabaja internamente en baja tensión (480 V para fuerza, 220/127 V para servicios). Cuando la demanda crece, en algún punto conviene recibir en media tensión: la energía se paga más barata, pero a cambio uno se vuelve dueño de la subestación, de su mantenimiento y de la obligación de operarla con personal calificado. Ese cruce se calcula con el perfil de consumo real; no se opina.
La media tensión, además, no perdona la improvisación. Exige distancias dieléctricas respetadas, apartarrayos, protección primaria correctamente seleccionada, maniobra con personal autorizado y equipo de protección personal dimensionado para arco eléctrico. Es también donde vive el factor de potencia: por debajo del mínimo que exige la tarifa, la CFE penaliza en el recibo, y con muchos motores o variadores la corrección deja de ser trivial. Un banco de capacitores mal calculado en una instalación con contenido armónico alto puede entrar en resonancia y destruirse a sí mismo; ahí la solución no es más capacitor, es filtro. Los variadores, por lo demás, distorsionan la corriente y calientan el neutro y el transformador: si son parte importante de la carga, eso se contempla desde el cálculo, no cuando el transformador ya está caliente.
Normatividad y verificación
La NOM-001-SEDE rige las instalaciones eléctricas de utilización en México. No es un sello que se pega al final: es el cuerpo técnico que gobierna calibres, protecciones, canalizaciones, distancias, tierras y clasificación de áreas peligrosas. Diseñar fuera de ella y “regularizar” después casi siempre significa rehacer.
Cuando la ley lo exige, el cumplimiento se acredita con dictamen de una Unidad de Verificación de Instalaciones Eléctricas (UVIE) acreditada. La obligación se dispara en los supuestos que marca el procedimiento de evaluación de la conformidad —entre ellos las instalaciones en media tensión, las cargas instaladas grandes, las áreas clasificadas y los lugares de concentración pública—, es decir, en prácticamente cualquier proyecto industrial serio. El dictamen se sostiene sobre la memoria técnica y los planos: si no existe proyecto ejecutivo, no hay nada que verificar. Conviene saberlo antes y no cuando el suministrador lo pide para energizar, o cuando la aseguradora lo pide después de un siniestro.
Del lado de la operación, la NOM-029-STPS gobierna el mantenimiento de las instalaciones eléctricas: análisis de riesgo, personal autorizado y capacitado, procedimientos de bloqueo y etiquetado y equipo de protección acorde al riesgo de arco. Una instalación bien construida pero operada sin ese marco sigue siendo una instalación peligrosa.
Para quién es
Para naves industriales y centros de distribución que se construyen desde cero o que van a crecer; para plantas de proceso que necesitan ampliar carga sin detener la producción; para infraestructura hidráulica —cárcamos, plantas de bombeo y de tratamiento— donde el reto son motores de gran potencia, arranques y variadores; para sites y áreas de misión crítica que dependen de respaldo y transferencia; y para proyectos residenciales que exigen una instalación calculada y no copiada de la casa de al lado.
Y también, francamente, para quien tiene una instalación que ha crecido a parches durante años, no sabe qué carga soporta realmente y necesita saberlo antes de conectar la siguiente máquina. Ese diagnóstico es barato comparado con lo que cuesta descubrirlo por las malas.
