Ampliar una planta es más difícil que construirla. La planta nueva no tiene restricciones; la ampliación tiene que convivir con una operación que no se detiene, con una instalación que creció por partes y con planos que rara vez corresponden a la realidad. El primer trabajo, casi siempre, es averiguar qué hay realmente instalado.

Qué hicimos

Una ampliación integral, con un solo responsable de las tres partes que suelen ir por separado: obra civil, estructura y sistema eléctrico.

Cómo se ejecutó

Obra civil. Movimiento de tierras, cimbra y colado de las cimentaciones nuevas, trabajando pegado al edificio existente. Es la etapa donde más se coordina con la operación del cliente: las ventanas de trabajo se planean, no se negocian en campo.

Estructura. Montaje de la estructura metálica y de los accesos que integran el cuerpo nuevo con el resto de la planta.

Eléctrico. La alimentación y la distribución de la zona ampliada. Aquí el punto crítico es el que casi nadie mira a tiempo: si la capacidad instalada no da para la carga nueva, no se resuelve con un tablero más. Se resuelve antes, en el cálculo, y a veces implica tocar la acometida.

Cómo quedó

La ampliación integrada a la planta, en operación. La ventaja de haber llevado los tres frentes con un solo responsable se nota justo en las costuras —entre el concreto y la estructura, entre la estructura y el eléctrico—, que es donde un proyecto repartido entre tres contratistas suele perder el dinero.